lunes, 1 de marzo de 2010

Serrano

Elena todavía se preguntaba por qué lo había hecho.
Ella era una chica buena y formal. Todo el mundo lo sabía. Podías preguntar a sus padres, a su jefe, a sus amigas... todos te dirían que Elena era una chica de bien.

Quizás fue la música. Aquellas malditas guitarras no habían dejado de sonar cuando el hombre de la cazadora vernde entró al bar de Serrano. Suiguieron sonando cuando disparó su pistola al techo, y camuflaron el sonido de los golpes que aquel otro hombre, algo más mayor, le propició al de la cazadora verde. Debió ser la música la que le hizo salir de la seguridad de su escondite y alcanzar la pistola, que había salido despedida en el forcejeo.

Sin embargo, todavía se preguntaba qué le había hecho recoger la pistola y encarala hacia los hombres que se golpeaban al otro lado de la barra.

Debió de ser la sensación de poder. Esa sensación que ni su jefe ni sus padres le habían permitido saborear nunca. Coger un arma, agarrarlacon fuerza, apuntar. Con esa seguridad seguramente nunca se habrían reído de ella, ni la humillarían como solían hacer.

Todavía dudaba acerca de por qué había disparado. Realmente no había habido ninguna necesidad. Al verla con la pistola, el hombre de la cazadora verde se había detenido en seco y había alzado los brazos. Quizás fueron los ojos con los que la había mirado, o el gesto de la cara.
O quizás fue el tatuaje que se descubrió en su antebrazo al levantar las manos. Una mariposa negra. El mismo tatuaje que había lucido su novio esa misma mañana en el tobillo, cuando se lo encontró en la cama con dos de sus amigas.

Elena se removió en su asiento. Las esposas le rozaban un poco las muñecas, pero sabía que no durarían mucho allí. Sonrió levemente. Ella era una buena chica, todo el mundo lo sabía.

domingo, 21 de febrero de 2010

Delirios de grandeza


El joven acarició suavemente su cerveza y miró a su alrededor. Aquél lugar era bastante acogedor. Trofeos y títulos se mezclaban con objetos de estilo retro a lo largo de las paredes. Unos músicos interpretaban una versión libre de "tainted love" al fondo del local y varias mesas a la derecha un grupo de extranjeros, sentados junto a un par de brujas, criticaban varias de las distintas culturas que allí se congregaban.


El ambiente parecía tranquilo hasta que un hombre de mediana edad se alzó de repente y comenzó a gritarle a unos jóvenes que canturreaban y festejaban cerca de él. Los jóvenes replicaron hasta que el hombre, on un severo "THREE TIMES!" y un fuerte movimiento de brazo, los hizo callar. Uno de ellos, sobresaltado, tropezó y empujó a una camarera que llevaba unas cervezas en una cubeta. El joven se fijó que la cubeta era la misma en la que se sentaban las personas en algunas mesas... se preguntó de cuántas formas distinas usarían esas extrañas bandejas...


El joven se alzó y bordeó la mesa donde se sus compañeros se ponían las botas. Barbie días de Bélgica le sonrió mientras escuchaba las historias que contaban. El joven se acercó a la puerta y salió al exterior. Una torre imponente se alzaba frente a él, y, a su lado, un edificio antiguo le hacía sombra. Según le había contado una chica que tocaba el requinto, era la antigua bolsa de la ciudad, y las vallas que la rodeaban tenían un extraño uso para evitar que la gente se suicidase... o algo así.

De repente algo le acarició levemente la nuca. El joven se giró y sorprendido contempló como un elefante rosa le ofrecía un Gofre.




Y sin embargo, te veo

martes, 2 de febrero de 2010

Folio en blanco



Es complicado no caer en lo fácil.
Para aquellos que se sientan, es más fácil permanecer así, que echar a andar. Sentarse y criticar. Juzgar, opinar, permitirse el lujo de creerse capaces incluso de corregir.

Todo ello es más fácil que emprender. Más fácil que ponerse manos a la obra. Sentarse a observar y tirar por tierra las aspiraciones de aquellos que han decidido optar por lo complicado. Con todas las dudas e inseguridades que ello conlleva, claramente.
Los que escriben, dibujan o diseñan, lo llaman páncio al folio en blanco. Miedo a no saber por donde empezar, vacilaciones que se traducen en dejadez. Terror al fracaso, al fin y al cabo.

Resulta más fácil acabar algo ya empezado, mejorarlo, optimizarlo. Escudar los errores y las limitaciones en la convenida creencia de que, partiendo de esa base, se hizo lo que se pudo. Es más fácil alterar los colores de una imagen que crear una nueva, corregir un párrafo o mover unas piezas de sitio, antes que emprender un proyecto de cero.

Resulta más fácil dejarse llevar, más fácil seguir, que guiar.
Resulta difícil pensar.



Mis disculpas a quien esperaran algo diferente. Está ahí, en el tintero, pero la falta de tecnología, ganas y tiempo me ha imposibilitado sacarlo...

lunes, 2 de febrero de 2009

Un peldaño más de la escalera

Oh tu que atento a las edades miras
si a prometerte aspiras
a pesar de diferentes desengaños
largos acentos en prodigios años
trata de disponerte,
que sabes si la muerte
en hora no pensada
con el agudo filo
te quitará de la esperanza
el hilo.


Nos vemos en dos semanas. Si aparece algún puntito rojo en el mapa en la zona de china, quizás sea yo.

Bye!ª

jueves, 29 de enero de 2009

Chin pan, chin pun

Ya está aquí. La última sustancia. El reactivo limitante. Ahora ya solo queda esperar.

Como catalizador, en este caso, emplearemos una buena reunión con los hermanos/demonios piticlis. Así aumentaremos la cinética, al menos, en apariencia. Segunda experiencia, con más ganas, más gente y más repertorio. Buen suministro para una noche que no debería suceder, atendiendo a razones.

Y por supuesto, los otros reactantes, de los que ya me he provisto. En estas condiciones, imposible evitar el aumento de presión y temperatura, un pequeño riesgo que merece la pena correr, visto el buen rendimiento. El reactor parece seguro, los catalizadores, envenenados y envejecidos, pero con gran selectividad y buena eficiencia.

Y el producto, en menos de una semana.

Me voy, eso es todo lo que quería decir.

martes, 27 de enero de 2009

3 días después

Tres días después, cuando Ronald salió de la sala de aislamiento, todo el grupo se reunió frente a la puerta. El primero en ir a saludarle fue Steve, que se lanzó a sus brazos sinriendo. Tras él, Fabriccio se acercó y se quedó mirándole. Ambos se dieron la mano, y me pareció oir que Fabriccio le decía algo a Ronald. Luego se echaron a reir y se abrazaron, y a ellos se unieron los demás.

Todavía sigo sin saber lo que se dijeron aquel día, aunque ahora no me sorprenden ya las reacciones extrañas de la gente, cuando se trata de Roland.



-¿Oyes las campanas?
-¿Eh?
-Es triste.
-...
-Puede que aún quede esperanza.

viernes, 23 de enero de 2009

Sanción

Aquel día hube de sancionar a Roland por lo que hizo.

Cuando Fabriccio se acercó a mi, enseguida me percaté del agujero que había en su oreja izquierda. Demasiado bien hecho, y sin sangrar. Recordé, antes de que él mismo me lo dijera, que ahí es donde solía llevar una de esas dilataciones que estaban entonces de moda.

Cuando fui a buscar a Roland, me lo encontré sentado en la almohada, apoyado contra la pared y con un libro entre las manos. Parecía estar esperándome.
Le expliqué, enfadado, que no podía permitir un comportamiento así, y que pasaría tres días en una habitación, aislado. Había disparado a Fabriccio y no podía quedar sin castigo.

-Yo no he disparado a Fabriccio, de hecho, ni siquiera le he rozado. He disparado al trozo de metal que llevaba en la oreja.- dijo muy tranquilo.

Aquello era cierto. Por un momento me quedé sin nada que decir.

-¡Pero podías haberle matado! Bueno, matado igual no, pero ¡le podrías haber sacado un ojo! ¡Imagina que hubieras fallado!

Aquellas palabras provocaron un cambio de expresión en su rostro. Me miró muy fijamente, y parecía sonreir levemente.
No habló, sin embargo, aquella mirada me dijo exactamente lo que él pensaba, y lo que yo ya sabía.

Sin decir nada, lentamente, Roland se levantó y fue, tranquilamente, hasta la sala de aislamiento.