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martes, 27 de enero de 2009

3 días después

Tres días después, cuando Ronald salió de la sala de aislamiento, todo el grupo se reunió frente a la puerta. El primero en ir a saludarle fue Steve, que se lanzó a sus brazos sinriendo. Tras él, Fabriccio se acercó y se quedó mirándole. Ambos se dieron la mano, y me pareció oir que Fabriccio le decía algo a Ronald. Luego se echaron a reir y se abrazaron, y a ellos se unieron los demás.

Todavía sigo sin saber lo que se dijeron aquel día, aunque ahora no me sorprenden ya las reacciones extrañas de la gente, cuando se trata de Roland.



-¿Oyes las campanas?
-¿Eh?
-Es triste.
-...
-Puede que aún quede esperanza.

viernes, 23 de enero de 2009

Sanción

Aquel día hube de sancionar a Roland por lo que hizo.

Cuando Fabriccio se acercó a mi, enseguida me percaté del agujero que había en su oreja izquierda. Demasiado bien hecho, y sin sangrar. Recordé, antes de que él mismo me lo dijera, que ahí es donde solía llevar una de esas dilataciones que estaban entonces de moda.

Cuando fui a buscar a Roland, me lo encontré sentado en la almohada, apoyado contra la pared y con un libro entre las manos. Parecía estar esperándome.
Le expliqué, enfadado, que no podía permitir un comportamiento así, y que pasaría tres días en una habitación, aislado. Había disparado a Fabriccio y no podía quedar sin castigo.

-Yo no he disparado a Fabriccio, de hecho, ni siquiera le he rozado. He disparado al trozo de metal que llevaba en la oreja.- dijo muy tranquilo.

Aquello era cierto. Por un momento me quedé sin nada que decir.

-¡Pero podías haberle matado! Bueno, matado igual no, pero ¡le podrías haber sacado un ojo! ¡Imagina que hubieras fallado!

Aquellas palabras provocaron un cambio de expresión en su rostro. Me miró muy fijamente, y parecía sonreir levemente.
No habló, sin embargo, aquella mirada me dijo exactamente lo que él pensaba, y lo que yo ya sabía.

Sin decir nada, lentamente, Roland se levantó y fue, tranquilamente, hasta la sala de aislamiento.

martes, 20 de enero de 2009

En el bosque

Un día, de entre tantos, les propuse jugar a un juego que les gustaba mucho. Consistía en cazarse unos a otros. Por parejas, se adentraban en un bosque con una escopeta cargada. Los proyectiles eran perdigones de plomo, inofensivos bajo los trajes de conejo que se ponían.

Iban por parejas, un conejo gris y un conejo marrón. Había días que no llegaban a disparar, sólo daban vueltas y vueltas por el bosque persiguiéndose unos a otros. Uno de ellos, Fabriccio, se jactaba de no haber perdido nunca a ese juego.

Ese día, Roland se emparejó con el joven Steve, el más pequeño del grupo.

Roland y Steve estaban parados tras unos arbolillos.

-Roland, deberíamos movernos, así no vamos a encontrar a nadie.

-Calla.- dijo Roland.

Steve se movió, y al hacerlo se quedó enredado en unos matorrales, junto a Roland.

-No te muevas.- Susurró éste.

Roland miraba a la línea de arbolillos que había frente a él. Algo pareció moverse a lo lejos. Steve volvió a moverse.

-Te he dicho que te estés quieto…

-Roland, así no es divertido…-replicó Steve.

-… y que te calles.

Un par de conejos aparecieron entre los árboles. Roland se encaró el arma. Steve se movió, pues no había visto nada y al ver a Roland apuntando se asustó. El ruido del matorral al moverse alertó a los conejos, que se tiraron al suelo.

- No-te-mue-vas.- susurró Roland.

De repente, una bocina sonó en todo el bosque. Los conejos se levantaron y se quitaron la capucha con las orejas. Uno de ellos era Fabriccio. Ronald seguía apuntándoles.

-Roland, se ha acabado el tiempo, el juego ha terminado.

-Calla.- fue lo único que contestó.

Los dos conejos se juntaron y comenzaron a hablar. Roland seguía apuntando.

-Roland, déjalo ya…

-Calla.- Y disparó.

sábado, 17 de enero de 2009

En la playa


Un día me acerqué a la playa, por la tarde, para echar un ojo al grupo y ver qué hacían. Los encontré jugando con una pelota a orillas del mar. El juego, por lo que pude intuir, consistía en pasarse la pelota entre dos equipos, y correr con ella para escapar de tus contrincantes hasta que se la pasabas a otro de tu propio equipo. Normalmente, los chicos corrían hacia el mar hasta que la fuerza de las olas los tumbaba y la pelota quedaba libre para que la recogiera cualquier otro jugador.

Enseguida me fijé en que Roland no corría hacia el mar cuando le pasaban la pelota. Tampoco buscaba a sus compañeros. Simplemente se quedaba quieto, observando, esperando a que sus contrincantes vinieran a por el.

Sorprendentemente, nunca llegaron a atraparle.

martes, 13 de enero de 2009

En 5 minutos


El día que presenté a Roland a mi grupo de estudiantes, sentí un enorme interés en observar la reacción de éstos. Me preguntaba si Roland conseguiría integrarse en el grupo con facilidad. Ellos se conocían desde hace años, un grupo formado por gente joven, de distintas edades y paises, brillantes todos ellos.

Le conocieron en la playa, donde solían quedar a pasar la tarde. Uno a uno se fueron presentando en inglés, muy educadamente. Roland les contestó a todos con la misma educación.

Creo que ninguno de ellos podía llegar a imaginar quién era la persona que realmente acababan de conocer.


So much to live for, so much to die for, but, BEfor....