Una vez estacionado el vehículo, uno de los agentes me hizo señas para que bajara la ventanilla. Yo, extrañado, la bajé.
-Disuclpe señor, le voy a hacer una prueba reglamentaria de alcoholemia. ¿Ha bebido usted alguna sustancia alcohólica?
-Si señor.-Respondí sinceramente.
-Vale, de acuerdo señor. ¿Esta usted borracho?
-Como una cuba, agente.
-Muy bien señor, si es usted tan amable, ¿podría soplar por aquí y mantenerse soplando hasta que oiga un pitido?
-Por supuesto.- Acepté gustosamente.
Al soplar, el aparato empezó a marcar una serie de números rápidamente y a pitar varias veces. Seguramente me lo habría cargado, pues poco más y sale en llamas.
El agente sacó una libreta del bolsillo y comenzó a escribir al tiempo que me decía:
-Señor, le voy a multar a usted con una multa de... ..
Yo, en un momento de lucidez, le interrumpí y le contesté (alargando las sílabas dada mi condición):
-Señor agente, no se si se habrá fijado. pero.. Mi mujer, aquí sentada a mi derecha, es inglesa. El coche en el que ambos estamos viajando es inglés, y yo, aquí sentado... no estoy conduciendo!