miércoles, 7 de abril de 2010

En el gran castillo

El lugar estaba superpoblado. Como una clase con alumnos de más, y mesas de menos. Demasiadas caras familiares.
Yo llegué con una vela y un conejo, esperando no pasar desapercibido. Cleopatra, tras la barra, ofrecía hielo amablemente a quien quisiera.
Aunque las caras vistas ofrecían sonrisas Colgate, las ocultas revelaban cierta tensión, que se apoderá enseguida del ambiente. Y entre ellos, tú.
Tan alegre como siempre, tan distante como nunca. Pronto sentí la angustia en el pecho, la falta de aire en mis pulmones.
Huí, huí con mi vela y mi conejo, dejando tras de mi sapos, reinas y princesas.
Me encerré en mi propia prisión, contando los segundos que quedaban para que la esperanza se acabara.
Y, entonces, estando apunto de apretar el gatete, llamaron a la puerta.

Look at me, I'm not old, but I'm happy

martes, 23 de marzo de 2010

Rojo oscuro casi negro

Sobre el monte del tiempo
se alza la irónica voz
del que sabe que lo que ha pasado
bajo ligera modificación
vendrá tarde o temprano
para su propia satisfacción

¿Qué quieres, amigo,
caballero de la sinrazón?
¿No ves que lo que buscas delante
lo que tanto anhelas mañana encontrar,
frente a tí se halla,
perdido en el tiempo,
vivido y aún por recordar?

Así me veo hoy mismo
tal como antaño me pude mirar
pues era yo, entonces,
y sin embargo hoy es él.

En una mano la copa,
en otra el compañero fiel
el prosopón en la cara de nuevo
serio, ocultando el placer

La sierpe que antes giraba
su cola ha vuelto a morder
el ciclo se cierra de nuevo
pero no está todo perdido
no hay que empezar a gritar
amigo escucha lo que te digo
pues la arena se ha acabado
y el reloj de vidrio ha vuelto a girar

sábado, 13 de marzo de 2010

Eterno Retorno

Otra vez la espera.

Otra vez se escapa el control. Otra vez la piedra, el orgullo y el silencio. Sería demasiado fácil caer. Demasiado difícil ceder.

Esperar, pensar, pensar que se piensa, esperar dejar de pensar.

Y otra vez la almohada te susurra mientras duermes. Otra vez la oscuridad te dibuja escenas que no han sucedido. Levantarte un día más y decirte a ti mismo: "hoy sí". Repetirlo cada mañana, sin que llegue a ser hoy.

Otra vez la puerta cerrada. La ausencia en la mirada.

No es lo mismo, y, sin serlo, casi lo es. La esencia. El contenido de las jaulas. Sólo cambia lo transcendente, lo mínimo, los pequeños detalles anecdóticos.

Pero si todo lo demás se repite, y el fnal, conocido, no es deseado, habrá que confiar en esas pequeñas necedades. Será en esas variables, insignificantes y ridículas, en las que habrá que depositar la fé.

Por mucho que duela.



I know
That is killing me
And it's poisoning
The best of me....
What I say
I just don't believe
So let me tell you more (tell you more)
About the lies I lead

lunes, 1 de marzo de 2010

Serrano

Elena todavía se preguntaba por qué lo había hecho.
Ella era una chica buena y formal. Todo el mundo lo sabía. Podías preguntar a sus padres, a su jefe, a sus amigas... todos te dirían que Elena era una chica de bien.

Quizás fue la música. Aquellas malditas guitarras no habían dejado de sonar cuando el hombre de la cazadora vernde entró al bar de Serrano. Suiguieron sonando cuando disparó su pistola al techo, y camuflaron el sonido de los golpes que aquel otro hombre, algo más mayor, le propició al de la cazadora verde. Debió ser la música la que le hizo salir de la seguridad de su escondite y alcanzar la pistola, que había salido despedida en el forcejeo.

Sin embargo, todavía se preguntaba qué le había hecho recoger la pistola y encarala hacia los hombres que se golpeaban al otro lado de la barra.

Debió de ser la sensación de poder. Esa sensación que ni su jefe ni sus padres le habían permitido saborear nunca. Coger un arma, agarrarlacon fuerza, apuntar. Con esa seguridad seguramente nunca se habrían reído de ella, ni la humillarían como solían hacer.

Todavía dudaba acerca de por qué había disparado. Realmente no había habido ninguna necesidad. Al verla con la pistola, el hombre de la cazadora verde se había detenido en seco y había alzado los brazos. Quizás fueron los ojos con los que la había mirado, o el gesto de la cara.
O quizás fue el tatuaje que se descubrió en su antebrazo al levantar las manos. Una mariposa negra. El mismo tatuaje que había lucido su novio esa misma mañana en el tobillo, cuando se lo encontró en la cama con dos de sus amigas.

Elena se removió en su asiento. Las esposas le rozaban un poco las muñecas, pero sabía que no durarían mucho allí. Sonrió levemente. Ella era una buena chica, todo el mundo lo sabía.

domingo, 21 de febrero de 2010

Delirios de grandeza


El joven acarició suavemente su cerveza y miró a su alrededor. Aquél lugar era bastante acogedor. Trofeos y títulos se mezclaban con objetos de estilo retro a lo largo de las paredes. Unos músicos interpretaban una versión libre de "tainted love" al fondo del local y varias mesas a la derecha un grupo de extranjeros, sentados junto a un par de brujas, criticaban varias de las distintas culturas que allí se congregaban.


El ambiente parecía tranquilo hasta que un hombre de mediana edad se alzó de repente y comenzó a gritarle a unos jóvenes que canturreaban y festejaban cerca de él. Los jóvenes replicaron hasta que el hombre, on un severo "THREE TIMES!" y un fuerte movimiento de brazo, los hizo callar. Uno de ellos, sobresaltado, tropezó y empujó a una camarera que llevaba unas cervezas en una cubeta. El joven se fijó que la cubeta era la misma en la que se sentaban las personas en algunas mesas... se preguntó de cuántas formas distinas usarían esas extrañas bandejas...


El joven se alzó y bordeó la mesa donde se sus compañeros se ponían las botas. Barbie días de Bélgica le sonrió mientras escuchaba las historias que contaban. El joven se acercó a la puerta y salió al exterior. Una torre imponente se alzaba frente a él, y, a su lado, un edificio antiguo le hacía sombra. Según le había contado una chica que tocaba el requinto, era la antigua bolsa de la ciudad, y las vallas que la rodeaban tenían un extraño uso para evitar que la gente se suicidase... o algo así.

De repente algo le acarició levemente la nuca. El joven se giró y sorprendido contempló como un elefante rosa le ofrecía un Gofre.




Y sin embargo, te veo

martes, 2 de febrero de 2010

Folio en blanco



Es complicado no caer en lo fácil.
Para aquellos que se sientan, es más fácil permanecer así, que echar a andar. Sentarse y criticar. Juzgar, opinar, permitirse el lujo de creerse capaces incluso de corregir.

Todo ello es más fácil que emprender. Más fácil que ponerse manos a la obra. Sentarse a observar y tirar por tierra las aspiraciones de aquellos que han decidido optar por lo complicado. Con todas las dudas e inseguridades que ello conlleva, claramente.
Los que escriben, dibujan o diseñan, lo llaman páncio al folio en blanco. Miedo a no saber por donde empezar, vacilaciones que se traducen en dejadez. Terror al fracaso, al fin y al cabo.

Resulta más fácil acabar algo ya empezado, mejorarlo, optimizarlo. Escudar los errores y las limitaciones en la convenida creencia de que, partiendo de esa base, se hizo lo que se pudo. Es más fácil alterar los colores de una imagen que crear una nueva, corregir un párrafo o mover unas piezas de sitio, antes que emprender un proyecto de cero.

Resulta más fácil dejarse llevar, más fácil seguir, que guiar.
Resulta difícil pensar.



Mis disculpas a quien esperaran algo diferente. Está ahí, en el tintero, pero la falta de tecnología, ganas y tiempo me ha imposibilitado sacarlo...

lunes, 2 de febrero de 2009

Un peldaño más de la escalera

Oh tu que atento a las edades miras
si a prometerte aspiras
a pesar de diferentes desengaños
largos acentos en prodigios años
trata de disponerte,
que sabes si la muerte
en hora no pensada
con el agudo filo
te quitará de la esperanza
el hilo.


Nos vemos en dos semanas. Si aparece algún puntito rojo en el mapa en la zona de china, quizás sea yo.

Bye!ª