
lunes, 6 de octubre de 2008
Hay cosas que no cambian nunca

domingo, 14 de septiembre de 2008
A buenas y a Málagas
Nos vimos con un par de pizzas en la mano y sin horno ni microondas, y sumándoselo a las ganas que teníamos de estriar las piernas, decidimos que lo mejor sería salir a cenar por ahí, y conocer los alrededores.
La noche transcurríó tranquila. Estuvimos andando de un lugar a otro, y tomándonos algo en cada parada. Cada lugar en el que estuvimos tenía algo que lo hacía extrañamente peculiar (un grupo de jazz en vivo, unos precios bastante asequibles, unas bailarinas muy simpáticas...) y sin darnos cuenta se nos hizo la hora de regresar al recién estrenado piso.
El día siguiente transcurrió como una especie de sueño en el que ni estás despierto ni estás dormido. El sueño y la resaca nos hizo madrugar tarde, y lo poco que comimos ayudó a que las horas de la tarde se alargaran por las mismas carreteras de ida y vuelta. Lo único que nos mantuvo despiertos fue la sensación de pérdida que inundó el vehículo, que se vio transformada en alegría al tiempo que regresábamos al lugar del que habíamos partido.
Esa noche la compartimos con un nuevo amigo natural de la zona, que nos guió a los lugares más adecuados para beber y festejar. Una pena que aquél día no hubiera nadie bebiendo y festejando. Pese a todo, optamos por poner buena cara al mal tiempo, y el resultadó fue bastante bueno.
Con todo ello a las espaldas y un riquísimo guiso de pollo en el estómago, regreamos dos días después a casa.
lunes, 8 de septiembre de 2008
Relativo a Alberto
Una vez estacionado el vehículo, uno de los agentes me hizo señas para que bajara la ventanilla. Yo, extrañado, la bajé.
-Disuclpe señor, le voy a hacer una prueba reglamentaria de alcoholemia. ¿Ha bebido usted alguna sustancia alcohólica?
-Si señor.-Respondí sinceramente.
-Vale, de acuerdo señor. ¿Esta usted borracho?
-Como una cuba, agente.
-Muy bien señor, si es usted tan amable, ¿podría soplar por aquí y mantenerse soplando hasta que oiga un pitido?
-Por supuesto.- Acepté gustosamente.
Al soplar, el aparato empezó a marcar una serie de números rápidamente y a pitar varias veces. Seguramente me lo habría cargado, pues poco más y sale en llamas.
El agente sacó una libreta del bolsillo y comenzó a escribir al tiempo que me decía:
-Señor, le voy a multar a usted con una multa de... ..
Yo, en un momento de lucidez, le interrumpí y le contesté (alargando las sílabas dada mi condición):
-Señor agente, no se si se habrá fijado. pero.. Mi mujer, aquí sentada a mi derecha, es inglesa. El coche en el que ambos estamos viajando es inglés, y yo, aquí sentado... no estoy conduciendo!
domingo, 7 de septiembre de 2008
InsSuPlaFaDe
Y con este post vuelvo a activar el blog, que durante el verano ha quedado un poco muerto
viernes, 18 de julio de 2008
Cuatro (2)
Ángel levantó la vista y se asustó. Un par de guardias blancos se habían juntado para hablar. El hecho en sí ya era raro, pues nunca solían juntarse, pero es que además les estaban señalando. Ángel se puso nervioso. Era lo mismo que había pasado antes de que se llevaran a su compañero. Se giró rápidamente para ver si Alan estaba haciendo algo malo. Alan le miró desde el otro lado de la mesa. Estaba pintando un jarrón. Aunque últimamente ya no eran jarrones lo que pintaban, sino objetos de formas extrañas.
- Algo va mal, los guardias blancos nos están señalando.
Alan levantó la vista. Los guardias estaban bajando por las escalinatas. Corriendo. Ángel se percató de que a Alan le temblaba el pulso.
-¿Qué pasa Alan? ¿Sabes porqué nos señalan?
-No.-dijo Alan con brusquedad. Miraba atentamente a los guardias hasta que desaparecieron tras la pared.
Ángel observó que Alan estaba tenso, mirando a la entrada del pasillo. Se quedaron así unos segundo, como esperando que algo pasara. Varios guardias miraban desde las alturas hacia su celda blanca, y Ángel sintió de repente que algo estaba pasando. Trató de moverse, y ese percató de que sus músculos estaban demasiado tensos. Tenía mucho miedo.
Un grito rompió el silencio y provocó que tanto Ángel como Alan saltaran sobre sus talones. El grito sonó muy cerca de la habitación, prácticamente al otro lado de la pared desde donde el día anterior había aparecido la nota. Volvió a oírse otro grito, y Ángel reconoció que era un grito de mujer. Alan estaba todavía más tenso que él, si aquello era posible, y no dejaba de mirar al pasillo. Ángel se fijó que estaba agarrando con fuerza uno de esos jarrones extraños.
El gladiador alzó la vista y pudo comprobar que el dedo apuntaba hacia el cielo.
martes, 13 de mayo de 2008
lunes, 5 de mayo de 2008
Cuatro (1)
-¿Te llamas Dael?
-¿Dael? No, me llamo Ángel, ya te lo dije ¿no?
-¿Dael?¿Nora? Lo cierto es que el nombre sí me suena... Dael... ¿Lo he oído antes, no? ...me suena, si...
-Alan guarda eso, no que nos están mirando... y ponte a pintar ya ¿no?
-Entonces, ¿Le contestamos? ¿Y si es una trampa?
Alan empezó a escribir en la hoja, y Ángel se levantó para leer lo que ponía.
-No. No puedes engañarla. Tú no eres ese tal Dael ¿no? No puedes mentirle.
-Pero esta tia está enamorada. Míralo, lee la nota. No podemos decirle que no sabemos quién es Dael.
-De acuerdo, hasta que no sepamos más, no contestamos. Vamos a dormir que ya es tarde.
Esa noche Alan no durmió mucho. Se levantó varias veces, se llegó a sentar en la mesa y agarrar el boli un par de ellas. La cabeza le daba vueltas. Aquella nota no sólo suponía un cambio en la rutina de aquél lugar, sino la existencia de otros presos, chicas, y la posibilidad de comunicarse con ellos. La oportunidad era demasiado tentativa como para dejarla escapar. Miró a Ángel que dormía al otro lado de la habitación.
Al día siguiente, cuando Ángel se acercó al hueco de la habitación para recoger el encargo, Alan se deslizó hasta la pared por donde había entrado la hoja y arrojó una nota por la ranura.